Comenzamos una nueva sección en el blog, Explorando Destinos, en la que vamos a intentar descubriros destinos pero de una manera diferente a la que lo hemos hecho hasta ahora.

Contaremos con la participación de autores invitados, para que nos muestren cada destino. Para ello intentaremos contar con la participación de grandes conocedores de los países en cuestión.

Como primer destino, hemos elegido Japón, un país que ya sabéis que nos gusta mucho, y al que hemos dedicado dos viajes, uno en 2009 y otro en 2012. Consideramos a Japón un destino esencial para cualquier viajero y quizás uno de los mejores destinos para un primer viaje a Asia.
En Explorando Destinos, vais a encontrar la visión del país por parte de cada uno de nuestros invitados. Sus gustos, sus descubrimientos, sus ganas de transmitir lo que siente por ese país …., pero no vais encontrar información de qué ver en cada ciudad, información de transportes, restaurantes, comida, etc.
Os pedimos que leáis y disfrutéis como lo hemos hecho nosotros de esas dosis de Japón que nos ofrece cada uno de los participantes: Japonismo, Viajar Code y Oskar – Ikusuki.

Vamos a comenzar con la web referencia en castellano sobre Japón, Japonismo. Creemos que no existe una web más completa sobre el país nipón.
En ella encontraréis la información más completa para todo aquel que desea visitar el país, con información sobre que visitar en cada ciudad, tradiciones, festivales, cultura y muchas más cosas para configurar la visita. Además cuentan con una gran cantidad de mapas personalizados de Japón, y con un catálogo fotográfico de gran nivel y calidad.
Así que vamos ya con las recomendaciones que nos ofrece Luis

 

Nuestros favoritos en Japón

Para nosotros Japón es nuestro destino preferido, por motivos más que evidentes viendo nuestra web. Y a la hora de pensar en cosas que nos llaman la atención podríamos llenar páginas y páginas, así que hemos querido hacer un pequeño resumen.


Awa Odori en Tokushima


El Awa Odori es uno de los festivales o matsuris de Obon más impresionantes en el que hayamos estado. En agosto, se pueden congregar hasta 2 millones de personas en los días que dura el festival, y eso que hablamos de una ciudad en la isla de Shikoku que no tiene una comunicación tan buena como otras zonas del país. Los bailes y la energía que se respira en el ambiente hacen de él algo único.

Okonomiyaki de Hiroshima


Nos encanta la gastronomía japonesa y nos suele costar decidirnos por un único plato. Pero el okonomiyaki al estilo de Hiroshima es, sin duda, uno de nuestros platos preferidos. Una especie de torta a la que se le puede poner cualquier ingrediente, con un huevo a la plancha y fideos frescos. Y si encima lo probáis en Hiroshima, tenéis en Okonomimura tres plantas llenas de restaurantes de este plato.

Pasear por los barrios de geishas


Esto no podía dejar de salir en este listado, porque no por nada el icono de Japonismo es una maiko o aprendiz de geisha. De hecho, siempre nos ha fascinado su historia y hemos escrito sobre ellas, sus barrios, sus tradiciones, su entrenamiento, para intentar arrojar algo de luz sobre estas mujeres y su trabajo. Poder pasear por los barrios de geishas, a media tarde, cuando parten a sus compromisos, es una gozada. ¡Sobre todo si te topas con alguna!. Es verdad que en barrios como Gion, en Kioto, cada día cuesta más porque además está muy masificado. Pero en la propia Kioto hay otros barrios en los que es posible ver geishas con menos agobio de gente.

Los museos ferroviarios


Otra de nuestras grandes pasiones son los trenes, y es que no en vano Japón fue el primer país en inaugurar una línea de tren de alta velocidad en 1964. Hoy en día, se pueden visitar tres museos ferroviarios, uno a las afueras de Tokio, otro a las afueras de Nagoya y otro en Kioto, pudiendo disfrutar del pasado, presente e incluso futuro de la tecnología ferroviaria del país nipón.

La arquitectura de Omotesando



Tokio es una ciudad en la que grandes arquitectos japoneses e internacionales han dejado su impronta. Hay varios lugares en la capital japonesa donde poder disfrutar de su arquitectura, como en la avenida Omotesando, donde podemos ver algunos edificios preciosos como los de Louis Vuitton, Tod’s, Hugo Boss y muchas otras marcas de lujo o el lujoso barrio de Ginza, donde marcas como Mikimoto, De Beers, Tiffany’s y muchas otras cuentan con preciosos edificios. Lo bueno es que no hace falta gastarse un dineral para disfrutar de las vistas, así que doblemente bueno.

Nuestra siguiente colaboradora nos va a desvelar su visión sobre la parte más “friki” del país nipón, Por muchos es conocido que Japón tiene fama de ser el paraíso de los frikis, pero es esto realmente cierto????

Para revelarnos los secretos y descubrirnos “El pequeño gran Japón de una Friki” contamos con Verónica de Viajar Code.
Conocemos a Verónica de hace varios años, y podemos decir de ella que es una enamorada y gran conocedora del país, en su blog encontramos artículos muy útiles sobre Japón, además la tenemos recién regresada de su segundo viaje, con lo que es el momento de seguir su blog y no perderse los artículos que va a preparar.
En su web encontraréis artículos tan útiles y completos como el que nos habla de los transportes de larga distancia, el transporte de cercanías o sus Tips para viajar a Japón.

El “pequeño” “ gran” Japón de una Friki

Cuando empecé a pensar como describir “mi Japón Friki” me vinieron a la cabeza todos los lugares relacionados que había visitado, actividades para realizar, etc.
Pero entonces, me di cuenta que caería en el error de mostrar solo la parte “pequeña” de ese Japón. Porque, aunque algunas personas todavía creen que todo el país es frikismo en estado puro, la verdad es que la mayoría del mundillo se reduce a las grandes ciudades e incluso a ciertos barrios de ellas.
Y la prueba está en que cuando explico a mi profesora de japonés muchas de las frikadas que he hecho o que tengo planificadas, la mayoría no le suenan y se sorprende. ¡Hasta me pide fotos para verlas! Su frase suele ser: ¡Ah! En Tokyo… Es que donde yo vivo no hay esas cosas…
 
No hablamos de simplemente leer manga, ver anime o comprar algún peluche. Eso para ellos es más normal, como el que lee tebeos o compra peluches Disney, solo que lo llevan a un mayor nivel de consumismo. Hablo de la figura del “otaku”, que no acaba de estar bien vista por cierto. El mundo del coleccionismo de figuras, hacer cosplay (disfrazarse), eventos varios, vivir más intensamente todo lo relacionado con las series… Vamos, lo que aquí se llama “un friki”. Eso, para mí, es la parte “pequeña” del Japón que quiero relatar.
Porque, aunque obviamente le dedicamos más días a ciertos lugares o actividades que un viajero más, digamos,  estándar, tampoco hay que imaginarse al friki metido todo el viaje en Akihabara. Alguno habrá, claro está, pero para la mayoría Japón ha entrado dentro de nuestros corazones en muchos aspectos,  y todo gracias a lo que hemos leído y visto en los mangas y animes.
 
A través de ellos nos llegan detalles de la vida en Japón, sus tradiciones, su gastronomía, su día a día, etc. que acaban causando una creciente curiosidad en el Otaku occidental, llevándolo a querer conocer mucho más sobre esos temas, bien sea leyendo información en Internet, libros, practicando alguna disciplina japonesa (en mi caso fue el Karate), iniciarse en el idioma… El tema es que, la mayoría de frikis que conozco, estamos unidos a la cultura nipona de diversas formas gracias, precisamente, al manga y al anime.
Y esa parte es la que, para mí, conforma el “gran” Japón de un  friki, alejado de Akihabara. La parte que despierta emoción al vivir ciertos momentos en el viaje. Como el que llega a New York y se emociona en Times Square y otros rincones porque siente que los ha visto mil veces en las películas.


En mi caso, fueron innumerables los momentos que me trasladaron a los animes: Desde la primera vez que vi unos takoyakis (tapa típica de los festivales en los animes) hasta cuando comprobé que los famosos dango no me gustaban nada. El momento en que me vi rodeada de colegialas que practicaban la ceremonia del té y nos invitaron a participar. O el enérgico camarero del pequeño restaurante de ramen, que calzaba chanclas de madera y la cinta en la frente.  Cuando al llegar a un templo vi la cuerda con la campana para rezar y supe exactamente que tenía que hacer, el ritual que había visto mil veces. O verme en un tranquilo rotenburo de montaña, como a los que tantas veces habían ido de excursión los personajes de mis series preferidas. Descubrir que los coches que salen en Shin Chan existen (pequeños y rectangulares) y que no son una deformación de la realidad… La lista es demasiado larga.
Pequeños detalles de la vida japonesa que no pararon de emocionarme y divertirme y que estoy segura que siguen emocionando a los otakus que por primera vez logran pisar Japón.
 
Todo eso forma también parte de mi Japón. No solo el merchandising, los mangas o las cafeterías temáticas… El pequeño Japón friki, en el fondo de nuestro corazón, trasciende a la grandeza de la vida cotidiana.
Pero vamos a hablar de la parte más Otaku, porque en el fondo está muy presente en nuestros viajes a Japón.
 
En nuestro primer viaje llevé unos pocos lugares apuntados y opté por ver que encontrábamos allí. Pero ahora viajaremos con nuestro “mapa friki”, donde hemos anotado tiendas, cafeterías, museos, parques temáticos, etc. porque creemos que es la mejor forma de optimizar las visitas y disfrutar de las actividades.
También estamos muy atentos de páginas como Japonismo, donde tienen más mapas y van anunciando eventos temporales.  Además de agendar los sitios que requieren comprar entradas o reservar con antelación. Por ejemplo el museo Ghibli, un lugar entrañable que agota rápidamente sus entradas.
Yo soy muy fan de Evangelion, y por eso visitamos el Evangelion World en nuestro primer viaje (una atracción que simula el Geofront, dentro del parque Fuji Q Highland). Y esta vez tenemos pensado subirnos al Shinkansen tuneado de Eva 01 (en activo hasta 2018, por ahora), volver a la Evangelion Store y disfrutar de la atracción temporal que abrirán en noviembre en Joypolis.
 
¡Joypolis! El parque temático de Sega que pillamos en obras la primera vez y al que no pensamos faltar en esta ocasión. Al estar en Odaiba, aprovecharemos para volver a ver el Gundam gigante y el cuartel general que han abierto en forma de centro comercial, además de acercarnos al LeisureLand, un parque de recreativas arcade. Y es que los fans de los videojuegos, como Jordi, tienen un filón en Odaiba.


Precisamente, los videojuegos, tienen varios cafés/restaurantes temáticos dedicados en Tokyo. Eso sí, todos estos establecimientos suelen ser caros y la comida nada del otro mundo. Lo que se paga es la ambientación. Esta vez vamos a darnos el gustazo de ir a uno y el escogido ha sido el Capcom Bar.

¡Pero el destino ha querido que pillemos abiertas también unas cafeterías temporales dedicadas a Dragon Ball, por su 30 aniversario, así que nos acercaremos a tomar algún café en ellas para así quedarnos con los posavasos coleccionables!
En cuanto a compras, Akihabara es la zona más famosa, pero suele ser también la más cara. A nosotros nos saturó un poco, tantas tiendas con múltiples pisos (preparad las piernas, ¡que no se diga que los frikis no hacen ejercicio!), mandarakes enormes, muchísima gente… Creo que disfrutamos más de lugares como Nakano Broadway en Tokyo y Den Den Town enOsaka. Por cierto, las chicas fans del Yaoi tenéis vuestro lugar en Ikebukuro.
 
Sea cual sea la zona que os acabe gustando más para realizar las compras, preparad un candado para la VISA y haceros a la idea que lloraréis mucho al ver ciertos precios de maquetas y merchandising increíbles. Aunque por suerte, siempre habrá detallitos, peluches kawaii, etc. que son más asequibles y robarán vuestro corazoncito friki.
Y sobre los cosplayers que tanto llaman la atención y que solían estar en Harajuku. Me han comentado que muchos se han movido de zona para estar algo más tranquilos, y han visto a bastantes en Odaiba. Lugar donde se celebran los eventos como el AnimeFair (finales de marzo) y el Comiket (agosto y diciembre).

Como veis, el mundillo es muy amplio, así que nuestro consejo para los friki-viajeros es que planifiquen y busquen información sobre la temática que les guste para así poder acercarse a disfrutarla. En especial de los eventos temporales y de los que requieran sacar entrada con antelación. Y como no, que disfruten de los pequeños detalles que les regalará Japón, más allá de los mandarakes.
A los que no os consideráis frikis, si un día os cruzáis con un turista que se emociona en demasía delante de alguna situación “corriente” o que se ha quedado mirando alguna “pequeña” escena con cara de emoción, sonrisa de niño y, quizás, reprimiendo alguna lágrima, pensad que quizás es alguien como yo. Alguien que creció con el sueño de pisar Japón, tras visitarlo un millón de veces en la ficción.
Este es mi “pequeño” “gran” Japón Friki. El que me hizo cumplir el sueño de visitarlo y el que me acabó enamorando para volver…

El último colaborador en este artículo nos va a dar la visión de un español viviendo en Japón. Lo llevamos siguiendo muchos años, desde que empezamos a preparar nuestro primer viaje a Japón en el 2009.

Se trata de Oskar o Ikusuki, un “chaval” de Zalla un pueblecito cerca de Bilbao que estudió ingeniería informática, y que después de muchas “experiencias”, y de haber pasado un tiempo con una beca en Tokyo, decidió volver de nuevo a Japón para desarrollar su vida profesional.
Durante todos estos años ha ido compartiendo su vida en Japón a través de su blog, y vaya vida, y sobre todo ¡que manera de contarla!. Hay artículos que ha escrito que nos han hecho soltar muchas lágrimas, y que demuestran la gran persona que es. Tenemos que darle las gracias por compartir con nosotros tantas experiencias personales. Oskar, gracias por compartir a tu hermano mayor, gracias por contarnos cómo compraste unos zapatos una talla más grande, por compartir con todos nosotros el día de tu boda….
Porque sí, Oskar se ha casado en Japón con Chiaki, y además ha sido padre de Kota, y ahora además de contarnos como le va la Crisis de los Cuarenta, nos cuenta las diferencias entre su infancia y la del pequeño Kota, y muchos más detalles de su vida como padre en Japón.
Además de todo esto, también ha escrito un libro!!! Leches si es que este chico es una máquina. Si queréis leer el libro podéis echar un vistazo a su blog, o pedirlo aquí.
Bueno sin contaros más rollo aquí os deje con su aportación:

Hoy nos hemos levantado con nieve en Tokio. Por lo visto, hacía algo más de cincuenta años desde la última vez que nevó en Noviembre y la televisión se ha encargado de recalcar este hecho una y otra vez estos últimos días. Es curioso: aquí se empeñan en exagerar hasta llegar a veces al ridículo cualquier evento de estas características… ahora que con el historial que tiene este país a sus espaldas, no seré yo quien les eche culpa alguna. Siempre suelen tratar de dar la máxima cobertura a, por ejemplo, cuando viene un tifón, mandando a un señor con un casco al árbol más cercano al epicentro con la intención de captar cuatro imágenes de hojas moviéndose. Y conectan con ese señor una y otra vez aunque a veces el tifón no haya llegado y apenas llueva, y hacen zoom a todo lo que da a los charcos, y en realidad allí no se ve nada más que un txirimiri y en la mayoría de los casos el tifón se desvía o se disipa antes de llegar.

 

 

 

 

El caso es que si, que hoy ha nevado, no demasiado, pero si como para que uno se levante contentete por la cosa de la novedad. A mi hijo Kota casi hemos tenido que atarlo a la pata de la mesa para que no saliese en pijama a la calle a pisar la nieve; es muy emocionante volver a vivir las cosas olvidadas de este mundo, ya tan normales, tan anodinas para nosotros, con los ojos de un niño de tres años como aquella vez que se chocó contra su misma imagen en el espejo de una tienda, o cuando nos enseñó la luna como su mayor descubrimiento señalándola como si le fuese la vida en ello con ese brillo tan especial de sus ojos de ver de primeras.


Hoy le he llevado a la guardería en brazos, bueno, en realidad colgado de mi con uno de esos artilugios, esa especie de mochila en la que le llevas colgando. Cada vez pesa mas, no sé yo hasta cuando esto podrá ser viable, aunque me dice Chiaki, mi mujer, que ya van por tres las veces que ha vuelto ya andando todo el camino, seguro que en nada estamos echando carreras los dos por las mañanas.

Me resulta curioso lo integrado que estoy en esta nueva vida de padre, tan reciente y ya tan consolidada, tan natural. Hablo con otros padres y madres por las mañanas y siempre juego un poco con los demás niños y con Kota antes de salir de la guardería a afrontar la oficina. Ni los padres ni los profesores hacen distinción alguna porque yo sea el único occidental que deja allí a su hijo, hijo que no deja de ser más japonés que nadie aunque tenga el pelo castaño y los ojos más grandes que los demás. Por supuesto los demás niños ni notan la diferencia, o si la notan les da igual a la hora de meterme bloques de lego en el bolsillo de la chaqueta o enseñarme bellotas que han cogido del parque cercano, o contarme lo primero que se les pasa por la cabeza. Hoy Kaede-chan, después de enseñarme su camiseta rosa, me ha contado que ayer estuvo en casa de su abuela y que le dio chocolate; Shunya-kun me ha insistido, a gritos, que la nieve era igual que el kakigori que hace su padre y Tsubasa-kun me ha dado una hamburguesa de plástico mientras decía “irajaimaje” porque resulta que no pronuncia bien la s. 

Al salir y como nevaba aún más si cabe, hoy también he aparcado mi bici y he ido a trabajar en tren. Las bicis, la mía y la eléctrica con la que llevamos a Kota, las alternamos entre el parking de casa y uno público que hay cerca de la estación que llevan unos jubilados por turnos. De alguna manera, gracias a la rutina de vernos todos los días supongo, nos hemos hecho buenos amigos, alguna vez hasta les he llevado algún pincho de tortilla para probar que era verdad eso de que yo también cocinaba en casa. Uno, a cambio, me regaló un libro de poesía que todavía no he leído ni sé si podré ser capaz de leer en condiciones algún día.

Por perderme esos ratos con mis abuelos prestados, no me gusta nada tener que ir en tren, por ese y otros motivos entre los cuales está la obviedad en Tokio de que los trenes son latas de sardinas por las mañanas, pero lo que más me disgusta, diría que incluso me apena, es la falta de maneras, de educación. Es algo que siempre me ha llamado la atención y con lo que todavía no he sabido lidiar. Me refiero a que en Tokio y de momento en cualquier otro lugar de Japón en el que he estado, la educación está asumida: cada uno respeta a cada cual, se valora la limpieza, el silencio, se reservan los gestos, se ceden pasos, se sujetan las puertas, se guardan las formas, la cortesía es intrínseca a esta sociedad… excepto en las estaciones de tren. Por alguna razón que todavía no acabo de comprender, cualquier anden en Tokio por las mañanas es una república independiente donde reina el caos: listos colándose para entrar los primeros en el tren, ancianos que tienen que hacer el viaje de pies porque tres salary man entrajetados se hacen los dormidos en los asientos de cortesía, empujones, pisotones…

No me gustan nada los trenes, por eso no me gustan los días de lluvia. 

El trago se olvida pronto, entre resignación y costumbre, uno logra abstraerse y en cuanto llevas un par de minutos fuera de la estación, vuelves a querer a este país. 

Suelo comprar algo para desayunar en el Seven Eleven de la esquina. Hace un par de meses que dejé de tomar café, pero siempre compro un onigiri o algún sándwich y una botella de agua con la que pasaré la mañana entre pantallas y teclas. 

Nada de demasiado interés que recalcar en las horas de oficina. Donde yo trabajo, se trabaja bien, el nivel es muy alto y uno nunca deja de aprender. Me gusta estar donde estoy pero hay algo a lo que todavía no me he acostumbrado aunque también me pasaba en la anterior empresa en la que trabajé y es que los compañeros no te saluden por la calle, incluso por el pasillo. 

Sé que no es algo racista, no tiene nada que ver porque lo hacen también entre ellos, me resulta incómodo cruzarme con alguien que conozco de sobras y que mire para otro lado aún habiéndome visto. A mi modo de ver es un gesto hostil, pero aquí no es así. No pasa con todos, hay algunos con los que tengo muy buena relación y siempre intercambiamos un par de palabras fuera de la oficina, como aquella vez que me encontré a uno de sistemas con su novia en un centro comercial en el que estaba yo con Chiaki, Kota y mi suegra y estuvimos echando un rato majo los cinco. Pero si que diría que es la norma general y no me gusta, me incomoda.

A los mediodías suelo ir al gimnasio, es un Gold’s Gym que hay en Shibuya al que van también algunos famosos como el chico negro del anuncio de SoftBank con el que he coincidido ya un par de veces. Es curioso como todos los gimnasios se parecen entre si; en Tokio también tenemos a los mismos personajes: el que le pone el doble de peso del que puede levantar a la máquina y hace series a medias a velocidad absurdísima, el que resopla y jadea dando vergüenza ajena, el que está más al móvil que a hacer nada, el de las poses en el espejo… en fin, yo a lo mío.
  

 

 

 

Si he de buscarle algo bueno a los días en que me toca aparcar la bici, es que aprovecho el rato de ir andando hasta la estación desde la oficina para disfrutar del disparate que es Shibuya con un poco más de calma: me paseo por entre las miradas de la gente, subo y bajo escaleras y cuestas, y mientras cruzo uno de los pasos de cebra más famosos del mundo, me pregunto, con la cara iluminada por televisiones enormes en alturas imposibles, ¿te has acostumbrado a esto, Oskar? ¿esto va a ser ya tu vida para siempre?…

 

 

 

 

Y entonces llego a casa y Kota grita “¡¡Mamá mamá, ha llegado papá!!”, y sale corriendo hacia la entrada donde yo aprovecho la inercia de su carrera para levantarle lo más alto que puedo en brazos y darle el beso que le tenía guardado desde que me despedí de él en la guardería.  

 

Y pienso que quizás mi vida no sea tan diferente de la de cualquier otro padre primerizo del mundo, que Japón, que Tokio es circunstancial, que mientras estemos juntos, el escenario no es trascendente, da igual. 

 

Nah, que ba. Tokio mola.

Esperamos que os haya gustado el primer artículo de Explorando Destinos, desde aquí queremos agradecer públicamente la colaboración a Verónica, Oskar y Luis.

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8 thoughts on “Explorando destinos: Japón”

  1. Muchas gracias por contar con nosotros. Es un honor vernos entre dos de mis grandes referentes, en cuanto a Japón se refiere.
    Japonismo, la web en español por excelencia para viajar a Japón. Cada artículo nos aporta ideas nuevas, pequeños rincones, consejos que anotamos, facilidades, noticias frescas…controlan sobre el turismo en Japón y su cultura y eso nos ayuda a viajar.
    Ikusuki… él me aporta la parte sentimental y cercana al día a día del país. Sus relatos nos acercan a la vida cotidiana y hace que me emocione mas si cabe al pensar en volver a visitar el país nipon.
    Lo dicho, mil gracias por habernos dejado colaborar a su lado. Solo esperamos que nuestro Japón friki también pueda emocionar ^_^

    Un gran abrazo!

    1. Sabes que no se nos habría ocurrido dejarte fuera de artículo sobre Japón, te consideramos un referente también a la hora de viajar a Japón, ya que además de mostrar grandes conocimientos, nos trasmites tú pasión por el país, y aportas la guinda con los puntos frikis que tanto nos gustan.

      Agradecerte tú colaboración, y estamos ansiosos de leer todo lo que has vivido en tu segundo viaje a este maravilloso país!!

      Besitos de los cuatro.

  2. Muchas gracias por la oportunidad chicos.

    Poder hablar de Japón sin limitaciones y desde 3 perspectivas tan diferentes pero complementarias creo que ha sido un acierto 🙂

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